TERRITORIO DE LÍMITES

Aspecto éste muy destacado y ya puesto de manifiesto. Estas tierras han compuesto desde hace milenios línea de límites y de enlace entre dos áreas más extensas, las situadas al oeste y este del Sistema Ibérico, línea y dirección prolongada hasta Andalucía y el Mediterráneo.
Se trata de una larga y ancha franja de Norte a Sur, en la que sustratos culturales (lingüisticos y demás) acompañan a los datos político-económicos, mejor conocidos, y que revelan la existencia de esa duradera y larga franja casi vertical de enlace y separación entre dos ‘mundos’ distintos. Así, en época prerromana, para no extendernos más, encontramos en ellas la Celtiberia, entre los mundos celta e ibero. No obstante, hay que recordar que las arribadas de distintas gentes en diferentes épocas han sido constantes y las oleadas de colonizaciones que llegaban de más allá de los Pirineos de una importancia transcendental, lo que hizo del territorio un marco físico de encrucijadas de todo tipo. 
Tal zona fronteriza y de comunicación se concreta, en el espacio que estudiamos y en épocas continuas, en la divisoria general del Ebro y en las tierras de la Navarra Sur, las de la Rioja Oriental y las del Aragón centro-oeste. De la Meseta al Ebro y del Ebro a la Meseta son continuos los enlaces de todo tipo, tanto en sentido longitudinal como transversal. Las abundantes similitudes de carácter variado entre esas tres regiones, Navarra-Rioja-Aragón prolongables al espacio meseteño próximo (Soria, Guadalajara, Cuenca, etc.) hacen ver claramente lo dicho. De ahí la característica de encrucijada.
En este sentido, los topónimos son tozudos, sobreviven en muchísimos casos a la memoria humana,y los hay aquí de más lugares de gran interés. Su indagación e interpretación  su constancia y evolución en las fuentes escritas son fundamentales resultan indispensables para evitar errores o afinar más las interpretaciones hechas y lograr el mejor conocimiento. En cualquier caso, los que muestran esas características de tierras de comunicación, límites y de paso  o encrucijada, topónimos que la documentación hace bien comprensibles.
Un topónimo indicativo claramente de hito, mojón, límite, es Fitero, denominación del lugar en el que se asentará definitivamentre en el siglo XII el monasterio cisterciense castellano de su nombre y a cuya sombra surgirá el pueblo que llega a nuestros días, es. La palabra, formada a partir del latín, como tantas otras, aparece en época medieval, por lo que atribuir a época romana su creación es sólo una posibilidad plausible nada más, al igual que Hitero en Burgos.
Lo único seguro es que en el lugar y término, como es general en el valle, se conservan importantes restos desde tiempos celtíberos y romanos, aún no conocidos ni sacados a la luz suficientemente. No obstante, fue Tudején, a la orilla derecha del Añamaza muy poco antes de desaguar en el Alhama, la localidad principal en el término, al menos desde finales del mundo romano-visigótico. Antes de la fundación del monasterio, Fitero era un nombre que designaba un paraje y no existía como pueblo, aunque después fuera el que diera el nombre. Tudején, importante plaza fuerte de Castilla, pasará pronto a control del Monasterio de Fitero  (cuyos abades serán también alcaides de su fortaleza) y comenzó a despoblarse en el siglo XIII. A Tudején iban asociados los importantes Baños antes citados. De hecho, la voz Fitero  sólo consta documentalmente desde el siglo XII y nada hace deducir su uso en tiempos romanos.
Gotur (existe homónimo aragonés) y Valdegotur aparecen así con sobrada frecuencia en la documentación hasta el siglo XVIII, antes de pasar definitivamente a las formas actuales formas de Gutur y Valdegutur, y denotan la presencia de gentes godas en estos términos cerveranos y aguilareños, presencia que tiene además suficientes muestras en el conjunto del valle del Alhama (siglos VII-VIII).
Todo ello enlaza con la época musulmana a la que seguirá el definitivo paso a dominio cristiano en las primeras décadas del siglo XII, de lo que también puse de relieve algunos hechos novedosos, desapercibidos prácticamente en su conjunto hasta entonces.
Los azarosos períodos bélicos que afectaron al Ebro desde tiempos visigóticos y musulmanes provocarían incluso graves daños en la zona y hasta la despoblación, menor o total, de algunos lugares (caso de Clunia-Crunia, donde se asentara antes la formidable ciudad identificada como Contrebia LeúKade).

ENTRE LAS ÉPOCAS MUSULMANA Y CRISTIANA
Desde los trabajos aparecidos en Piedralén quedó claro algo bien relevante y que pasaba  desapercibido prácticamente en y como conjunto: antes de pasar definitivamente a dominio  cristiano a principios del siglo XII, Cervera y otras plazas del Alhama sufrieron la alternancia del poder musulmán con el cristiano, como ocurrió en general con toda la Rioja Oriental.
El reino moro de Zaragoza, con Tudela y Tarazona como principales plazas fuertes, había ido perdiendo ya desde el siglo X tierras y enclaves destacados, primero en el Cidacos (Calahorra, Arnedo) y luego en el Alhama-Linares (Alfaro y, al parecer, Cornago). Menudeaban algo las acometidas de unos frente a las cristianas (alcanzaron hasta el Moncayo) del reino de Pamplona-Nájera, a las que alguna vez se incorporaba Castilla, en clara disputa con los navarros por el control del Ebro y su eje de transcendental riqueza económica para todos. Existe la posibilidad, incluso, de que Cervera fuera plaza cristiana en 1119, colaborando entonces a la conquista de Tudela.
Un cuadro de hechos que cabía poner en relación permitía esta visión de conjunto:
1-. La donación (conocida por documento de entre 943 y 950)  que hace el clérigo Hermenegildo  al monasterio de Albelda (cerca de Logroño) de bienes que, entre otras muchas localidades, tenía en Cervera y Cornago (‘Ceruaria’ y ‘Cornago’).
2-. La existencia en términos cerveranos de ermitas que luego conocemos dedicadas a San Esteban, en el paraje de Canejada (o Canejá), y a Santo Domingo, en el paraje de Valdegutur (antes Valdegotur), con elementos arquitectónicos que denotan bien una procedencia, al menos, de los siglos X-XI, cuyo mejor estudio puede proporcionar aún sorpresas.
3-. La existencia corroborada de iglesias mozárabes de la misma época en Ágreda, Tarazona (y Tudela).
4-. Las noticias aprovechables de los famosos Votos de Fernán González (falsificación del siglo XII) que algo informaban de localidades como Cornago, Cervera, Tudején, Inestrillas, etc.
5-. La toma de Tudején al reino taifa zaragozano por el monarca navarro Sancho el de Peñalén, y el posterior tratado que devolvía Tudején con intercambios de plazas entre los dos reinos.

Hubo, pues, al menos en algunos momentos, una alternancia evidente del control político por unos o por otros durante los siglos X al XII, en que definitivamente queda inscrita la zona en reino cristiano

BAJO  DOMINIO  CRISTIANO
El reino moro zaragozano se hundió ante los embates de Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y de Pamplona-Nájera (Navarra), y con muy fuertes posiciones en Castilla, de la que había sido monarca consorte.
Zaragoza caía en sus manos en 1118 y un año después las plazas del Alhama pasaron definitivamente a poder cristiano, tras la conquista de Tudela y Tarazona,  completando en 1120 la campaña con la conquista y repoblación de Soria, Calatayud y Daroca.
Es sabido que Alfonso I contó indistintamente para sus empresas con vasallos de todos sus reinos y posesiones, es decir, con provenzales y otros francos, con aragoneses, navarros y los de bases castellanas. Es bien constatable todo esto a lo largo del siglo XII a través de la documentación general y, en especial, la del Monasterio de Fitero, y así quedó expuesto (Piedralén, nº4, 1985).
Por los datos existentes la ocupación en principio de los territorios de la línea del Alhama-Soria-Calatayud, etc., quedarían principalmente  como prolongación aquí del reino navarro-najerense. No obstante, algún gran caballero franco recibe honores y posesiones importantes en la zona, como es el caso del Conde Rotrón de Alperche, ‘señor’ que fue en Tudela y Corella (también en Uncastillo).
Cervera pudo haber cooperado a la toma de Tudela. Así parece deducirse del otorgamiento de los discutidos Fueros de Sobrarbe a los de Tudela en 1122 o 1124, fuero que se hace extensivo a los de Cervera y Gallipienzo (merindad de Estella). Era ‘senior’ de Estella Pedro Tiscón (Pedro Tizón), que lo fue también de Cervera entre 1123 y 1134.
Precisamente, el primer texto de esta nueva fase en el entorno es el conocido de 1123, por el que Ato Galíndez, aragonés, recibe autorización real para levantar una iglesia en sus propiedades de Cervera. El documento conservado, que no parece sea el original sino otro varias décadas posterior, no indica el santo cristiano al que se dedicaría el templo. Era ya ‘señor’ de Cervera Pedro Tizón. Damos por supuesto, sin embargo, que sería la iglesia del mismo titular que un siglo más tarde ya consta expresamente bajo la advocación de San Gil, deducible del la escritura correspondiente existente (año 1220)
En la referida  licencia de Alfonso I a Ato Galíndez tampoco se cita a otros personajes notables de interés para este estudio, por lo que nada concreto puede deducirse de él sobre sus repobladores. Ato Galíndez, como el citado Pedro Tizón, aparecen en la documentación de ese tiempo como propietarios destacados en tierras del Alhama Medio, quizás a consecuencia de los repartos y distribuciones acostumbradas después de la conquista de los lugares.
La colonización y repoblación de este marco físico del Alhama comenzaría también, pues,  de inmediato. La principal célula será el Monasterio de Fitero, fundado y potenciado por los monarcas castellanos, foco, igualmente, de la difusión y cultos religiosos, especialmente de la Virgen María. No en vano los templos e imágenes de Nuestra Señora a ella dedicados en pueblos del entorno corresponden a la época final del románico y transición al gótico, en lo que los investigadores especialistas coinciden (Nuestra Señora la Antigua de Aguilar, Virgen del Monte en Cervera, Virgen de Yerga –hoy en Autol-, etc., etc.)