PRESENTACIÓN

Nuestra misma existencia es nuestra propia historia, de ahí su importancia, y sin embargo es bastante general la propensión a hablar vagamente de historia amplia, sin conocimientos suficientes y sin los procedimientos correspondientes e imprescindibles en su estudio riguroso, a diferencia de lo que se practica con otras disciplinas del saber, como la Física o la Medicina, por ejemplo.

Así, pululan las afirmaciones y creencias más peregrinas sobre tantos y tantos aspectos de las historia, motivo de numerosas leyendas, patrañas y falsedades.

Cuando se obra de ese modo, escribiendo sobre localidades y pueblos concretos, esta práctica errada abunda quizás más, y como el interés que despiertan es sobre todo local, apenas nadie se va a parar a contrastar y comprobar la veracidad de cuestiones tan particulares y, muchas veces, menudas. Lo usual resulta que se admitan tales disparates como ciertos, o, en el mejor de los casos, que se pasen por alto. De cualquier manera, los lectores estudiosos casi no existen.

El resultado, dañoso, no hay que resaltarlo más, es que pocos pueblos o lugares de los que se haya tratado o trate se libran de estas suposiciones legendarias, erróneas y descabelladas sobre su propio pasado.

Cervera y localidades del Alhama en concreto, representan un buen ejemplo de  lo dicho. Aquí vamos a tratar ahora algo de eso, a propósito del nombre de los pueblos y lo que indican (y ríos y otros parajes del territorio), tanto por el tiempo en el que surgen, como por los implícitos, datos y características relevantes que se obsevam en su estudio.

En todo caso, como base de apoyo y partida donde puede consultarse bien todas las fuentes documentales y demás noticias, me remito, aquí sólo se indicarán en ocasiones, a las colaboraciones que escribí, unas en la revista Piedralén (números 2 a 7, años 1984-1989) del Ayuntamiento cerverano, otras en el correspondiente Programa de Fiestas de San Gil (Cervera) (años 1995-2003) y algún suelto más. Fueron trabajos que suman centenares de noticias, transcripciones y citas documentales, datos, en parte inéditos, en parte conocidos pero muy dispersos o de difícil acceso o consulta. A través de ellos, creo no pecar de inmodestia, se ha facilitado al menos conocer mejor el pasado, poner de manifiesto aspectos nuevos o el verdadero significado de ciertas realidades mal conocidas, establecer nuevas perspectivas y enfoques, e, incluso, “desfacer entuertos”. Ha servido a otros, los hay hasta quienes han corregido errores suyos anteriores y algunos, también, se han aprovechado sin reconocerlo.

Desde esta sección sobre su historia en cerveradelrioalhama.net, se intenta, pues, ofrecer el conocimiento de la misma sin imaginaciones ni elucubraciones e hipótesis infundadas. Lamentablemente, ya son bastantes las existentes de historia-ficción, incluso de publicación reciente.

Quizás parezcan largos estos preliminares, pero resultan sin embargo precisos para aclarar el propósito. En este caso, como oportuna presentación, ‘delantal’ del contenido general, hablando sobre los nombres de los propios pueblos (y de los ríos y otros parajes de la región y comarca) que se estudian y que guardan estrecha relación con los hechos, evolución y rasgos de los más esenciales en su devenir histórico.

LOS NOMBRES DE LOS LUGARES. VALOR DE LA TOPONIMIA

A lo largo de los tiempos el hombre ha dado nombre a los diversos puntos en los que vive, que habita y explota, según precisamente las características geográficas, políticas o de otro orden con que identificaba esos lugares. Es lo que llamamos toponimia, que por esas circunstancias tiene un valor de gran importancia en el estudio de la historia, ya que del significado de esos nombres o topónimos se pueden deducir conocimientos muy precisos para el lugar concreto y para el marco físico más amplio.

Trátese de nombres de destacadas regiones, ciudades, pueblos, ríos, montañas, etc., (toponimia mayor) o de términos o parajes dentro de un municipio concreto (toponimia menor), todos esas formas o voces encierran la visión de una realidad concreta por el hombre que los ideó, realidad que puede mantenerse o no con el paso de los tiempos, pero cuyo estudio resulta de gran provecho, pues tales topónimos permanecen ahí aunque hayan transcurrido siglos, como testigos fieles de lo que fue. Es el caso de Corunna o Crunia, Gotur, etc., entre los todavía mal interpretados, o los de Alhama, Cervera, Igea, etc., entre los conocidos con acierto.