MIERCOLES DE CENIZA
El miércoles de Ceniza se celebraba el acto cumbre del Carnaval cerverano: "El entierro de la sardina", un desfile burlón, en el que con coplillas, disfraces y escenas irónicas se ponía en cuestión la vida cotidiana. Así terminaban los carnavales cerveranos, unas fechas en las que no paraban de zaragatear por aquí y por allá las "maramas", gentes cubiertas con una sabana o sobrecama, que de forma anónima, iban y venían haciendo chandrios sin fin y con derecho a sentarse en tu mesa, empapuzarse de tu comida y marcharse sin decir esta boca es mía... Bueno, lo de empapuzarse también es un decir, porque lo del ayuno y la abstinencia para buena parte de los cerveranos era convertir en virtud la necesidad, ya que ambas cosas no eran sólo asunto de la Cuaresma. Un viejo alpargatero de los de genio más reconocido y vivo, el tío Castor, sentenciaba:
En la Cuaresma pregonan
merluza y pescadilla
Pero el Castor tendrá
Farineta con guindilla.
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Precisamente era Carnaval época de “pesca”. Los cuartos de alpargateros eran los auténticos puntos de reunión y creación en los carnavales, de ellos salían marasmas, peleles, ingeniosas y punzantes coplillas para la procesión del entierro de la sardina y mil ocurrencias, que llevaban a las gentes de orden de principios del siglo XX a celebrar en esos días, no sin más de un sobresalto, un triduo vespertino de desagravio. Y mientras la Guardia Civil, se ocupaba de tan esbarajustado pueblo, muchos cerveranos cazaban por esos Medianos, vegas y Canejás para toda la Cuaresma...
En cuartos y cuevas de alpargateros, dónde en esos días se comía y dormía, se escuchaban bravas y trasgresoras invocaciones, como esta que se hacía ante el puchero con una liebre en la mano:
“con el poder que tengo
y el que Dios me presta,
te meto carne
y te saco pesca” |
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