CRÍTICA DE LIBROS. LA RIOJA, Miércoles 4 de junio de 2008.

UNA SORPRESA. Por Jesús Alonso Chávarri.

Novela.
José Manuel San Baldomero,
El vagabundo del río Alhama,
Editorial Ochoa, 270 páginas.

Hay novelas que sorprenden por aspectos muy concretos, pero esta novela, El vagabundo del río Alhama, es una sorpresa en sí misma, porque, en los tiempos que corren, es difícil encontrar un libro ‘de provincias’ de tan rara perfección.


Su autor es el profesor riojano de filosofía: José Manuel San Baldomero, quien, con esta novela, entra en el reducido grupo de buenos narradores riojanos que merecen la pena. José Manuel era conocido por sus ensayos filosóficos como La filosofía de Xavier Zubiri versus la filosofía griega, y por algún libro divulgativo, como La fiesta de San Juan en San Pedro Manrique, por eso extraña que su primera novela, que es, en cierto modo, una novela coral, sea de tanta calidad.


El hilo argumental lo teje un madrileño que, en el siglo XIX, acude a los baños de Fitero y descubre la comarca del Alhama, a sus gentes, sus oficios, sus paisajes… sus  costumbres.


Dicho así, parece una novela costumbrista, y lo es, pero no sólo es eso, pues, además de un rico vocabulario local y un conocimiento exhaustivo de los usos y costumbres en el siglo XIX, el autor nos regala una visión histórica de la época, narrada con un sentido cultural poco común. Las páginas están trufadas de comentarios y citas filosóficas, científicas y literarias; así aparecen Platón, Horacio, Diógenes, Marcial…, pero también La Odisea, El Tenorio y Fray Luis, y lo hacen de forma natural, sin estorbar en ese recorrido por el Alhama y sus gentes.


Claro que todo esto no sería nada, y de ahí la sorpresa, sin una prosa brillante, que ha sido el gran hallazgo, para mí, en este libro. Esta cuidada escritura ha sido la amalgama que ha hecho lucir este difícil proyecto.
La novela es un homenaje del autor, primero, a su madre, después, a su pueblo natal, a su querido Cervera, también a sus amigos de formación; y es muchas cosas más, pero eso lo ha de descubrir el lector de El vagabundo del río Alhama, porque esta novela sí que merece la pena.